miércoles, 3 de septiembre de 2008

ACABÓ AGOSTO, POR FINNN

-Ven, que te voy a enseñar mi parte favorita de Madrid.- El no se lo creía se iba del local en el que estaba con una chica guapísima, súper sexy y encima simpática, debía ser su día de suerte.

Ella le estaba diciendo algo, algo le estaba contando del Madrid de Los Austrias, el solo podía mirarla si dar fe aún de su suerte. Ella hablaba y hablaba sin parar pero todo lo que decía iba acompañado de una sonrisa que hacia que aparecieran una pequeñas arruguitas en sus ojos, unos ojos llenos de aparente felicidad, aunque esta, junto con la verborrea fuera fruto del exceso de alcohol.

-No te creas que hablo porque estoy borracha, que cuando no bebo hablo más si cabe – y le guiño un ojo.
¿Le estaría leyendo el pensamiento? Pero, que más le daba, si además de ser guapa era simpática.

Se paro en seco en la puerta del sol, se puso frente a el y le soltó –Bueno, y tu ¿Qué? ¿No me vas a contar nada?

El abrió sus ojos, sonrió y sus labios solo pudieron articular un - Que eres guapísima - a lo que ella le contestó con una sonrisa y siguió andando y contándole historias de la puerta del sol.

Él la cogió de la mano quería sentirla cerca, quería notar su calor, su aroma. Ella le dijo-No te preocupes, no me voy a perder me se el camino; pero agarramé bien no vaya a salir corriendo-

Demostraba tanta seguridad en si misma que le asustaba.

-Vamos por carretas que salimos al edificio de Telefónica que las vistas desde allí también son muy bonitas.

Ella se volvió a parar en seco- Pero bueno, vamos a tu parte favorita de Madrid o a la mía.- Se puso frente a él a escasos centimetros de su boca. Sentía su respiración. Esos ojos marrones que la habían cautivado, que la habían atrapado sin que el lo supiera.

Estaba tan cerca que notaba su barba de tres días rozar su piel, estaba tan cerca que sentía como la miraban esos ojos pidiéndola un beso a lo que ella respondió cerrando los suyos y abriendo los labios para no decir ni una sola palabra.
El se acercó, sintió sus labios más fríos de los que imaginaba, hacia fresco para ser finales de Agosto. Sintió como su cuerpo respondía al contacto de ese beso relajándose, dejándose hacer.

Era fantástico. Se separaron, se miraron a los ojos y ella volvió a sonreír. Que inocencia desprecia esa sonrisa, ojala pudiera grabarla en su mente para siempre.
-Así no llegamos nunca. Venga.

Volvió a dejarle sin palabras ¿Cómo podía hacer eso? ¿Qué era lo que ella quería? ¿Simplemente quería salir del local donde se había conocido o quería llegar a algo más tanto como él? Y si de verdad lo deseaba tanto como el, ¿por qué hablaba y hablaba y no le besaba? No llegaba a entenderlo pero la seguía rendido a sus pies y a sus palabras.

Ya estaban junto al oso y al Madroño, ella se paró de nuevo y el aprovecho para cogerla por la cintura, para atraerla hacia él, para demostrar, quizá solo a si mismo, que era suya, aunque solo fuera en ese justo momento, para comprobar que no era un sueño que se podía escapar.

Ella le cogió la cara con las manos, le besó, sintió como sus labios se posaban delicadamente en su boca. Fue un beso corto, muy suave, que le puso los pelos de punta; susurrando ella le dijo – Ven que todavía no hemos llegado.

-La calle Preciados, la calle más transitada de toda Europa-
Ahora si que no la escuchaba. Solo quería sentir su boca de nuevo. Solo quería sentir su cuerpo junto al de ella, arroparse con su pelo, despertar cubierto con su piel. Solo quería otro beso, seria capaz de dar su vida por un beso como aquel.

En la puerta de los grandes almacenes la agarro de nuevo, no podía aguantar más. Necesitaba besarla de nuevo, la agarro de la cintura juntando sus cuerpos. Ella también quería su cuerpo la delataba.
Por fin llegaron a la Palaza de Callao. Ya queda poco, le dijo como una especie de promesa.
En escasos 100 metros más llegaron a la Gran Vía.

-Mira a que ha merecido la pena. Mira allí, La Plaza de España, la Torre de Madrid, el primer rascacielos de España. Mira ahora para allá, el edificio de Telefónica. ¿Has visto como merecía la pena venir hasta aquí?

Para él, y por ella, merecía la pena hasta morir por haber podido vivir ese instante. Se emborracho de ella, de sus palabras, de su olor, de su calor.
La tenia cogida por la cintura, sus labios estaban a la altura de su cuello, empezó a besarla y ella se dejo hacer.

Había estado más de mil veces allí, sabia exactamente lo que sentía cada vez que llegaba a ese punto de la Gran Vía. Siempre notaba como la fuerza de Madrid, de su Madrid, la embriagaba; pero ahora era especial.

Esa excitación no tenia solo carácter sexual

Notaba como toda la fuerza de la vida de esa calle se le estaba metiendo por cada poro de la piel.

¿Y él? ¿Sentiría lo mismo?