jueves, 12 de marzo de 2009

11-M




Ayer me monte en el tren como todos los días a las 6 de la mañana. Me coloque el Mp3 como todas las mañanas para que el Anda Ya de los 40 me acompañe en el trayecto y lo primero que dijeron es que hacia 5 años de los atentados de 11-M. Cinco años ya … parece mentira…

Luego pusieron la nueva canción de la Oreja de Van Gogh y dejando a un lado la voz de la nueva cantante, la métrica y los gustos musicales de cada uno, yo solo me pude centrar en la letra … según iba escuchando coda palabra recordaba ese día… la llamada de unos amigos de Málaga preguntándome si estaba bien, ¡claro como no?. ¿no te has enterado todavía? Que han puesto un bomba en Madrid.

Conectarme a Internet e ir viendo las noticias poco a poco, ver la imágenes, ver como aumentaban los muertos, llamar a todos “los míos” para colocarlos a cada uno en su sitio y no en los alrededores de Atocha. Y sobre todo sentir, como ayer, como poco a poco el silencio se iba apoderando de mi.
El silencio, la impotencia, la rabia y sobre todo, como dijeron ayer en no se que diario, la sensación de no poder hacer nada más.

La canción acabó y note como una lágrima corría por mi mejilla, solo una.

Hace 5 años tarde en llorar, hasta que no vi el funeral en La Almudena, hasta que no vi a esas familias destrozadas no fui consciente de la magnitud de la desgracia.

Pocos días después volví a pasar por Atocha como había hecho y he hecho mil veces, y en el ambiente, en la estación, en los vagones y sobre todo en la gente se notaba el silencio de la impotencia… lo mismo, la sensación de no poder hacer nada más. Eso duró mucho mucho tiempo e incluso en algunas de las personas que estaban en esos trenes, que se vieron afectadas de una u otra manera seguro que todavía tienen esa sensación.

Como también ponían ayer en ese diario, la vida sigue, ni esto pudo con Madrid que intento renacer de sus cenizas ese 11 de Marzo de hace 5 años, yo me quedo con un recuerdo de ese día; dejando a un lado los destrozos, humanos, materiales y emocionales.

Me quedo con la gente intentando ayudar, con la gente haciendo cola en las unidades móviles para donar sangre, con la gente que pasaba por allí y utilizó sus coches para llevar a la gente a los hospitales, con los autobuses improvisados de ambulancias, con los voluntarios para cualquier cosa y sobre todo con las miles de personas que coreaban al unísono “no esta lloviendo, Madrid esta llorando” como siempre demostramos que la especie humana, exceptuando unos pocos desalmados, estamos cuando se nos necesita…
Viendo las noticias, viendo los cercanías pasar por la estación de El Pozo, Santa Eugenia y Atocha y con la canción de La Oreja de fondo volvió a caérseme una lágrima, la misma.